En un mundo libre (kent loach, Reino Unido 2007)
EN UN MUNDO LIBRE, surgen los hijos del antiguo proletariado, en estos tiempos modernos, actuales, luchando por la supervivencia y para ello, no dudan en pisotear a los que vienen detrás, más desfavorecidos, -en la película inmigrantes parados,- que constituyen el ejército de reserva capitalista, uncidos con el don divino de abaratar el mercado. Y aquí juega el hiperrealismo de la cámara de Loach, su baza extrema y descarnada: los parados son mercancía, que se compran, se vende o se tira, e incluso se folla... Lo único importante son las libras esterlinas, que permiten alcanzar los fines personales -simplemente salir adelante- de cada cual.
No estamos en la película ante ricos y malvados capitalistas que explotan a trabajadores porque toca en el guión; sino ante los cachorros y cachorras del contrato basura, a los que se puede vejar sobándoles el final de la espalda y que aprenden rápido, volviéndose más hijos de puta que sus explotadores.
Eso ocurre con la protagonista y su retrato psicológico, domesticada en las cadenas de la agresividad, lo tiene claro, sabe recibir, encajar y desarrolla una ambición precisa que le permite golpear; aunque deja algún margen para la emoción del sentimiento y los buenos propósitos.
Loach nos presenta el poder de un sistema, el capitalismo salvaje del post tacharismo, capaz de modificar las conductas, instalarse en todos los aspectos de la vida e incluso decidir -para mal- el destino de las personas.
Aunque se estrenó hace algunos meses, hay que verla.






